Carta de un amante descorazonado: Lebbeus Woods y el Aquatic Center de Zaha Hadid.


Carta de un amante descorazonado: Lebbeus Woods y el Aquatic Center de Zaha Hadid. Por:Gonzalo Carrasco Purull + Pedro Livni.

Una de las lecciones que dejó el año 2011 fue la necesidad (¿urgencia?) de volver a posicionar la crítica como una forma de pensamiento vigente. En medio de meses de revueltas mundiales y una crisis económica que está aún remeciendo a las principales economías globales, es que cada vez surge con más fuerza la convicción de que haber sabido antes estas realidades se podría haber previsto y actuado sobre las causas del actual escenario. Pero la verdad es que estas “realidades” siempre estuvieron ahí, a la espera del crítico para que fueran evidentes.

Decir esto ahora puede parecer obvio, pero no lo era hace unos meses atrás, cuando el mundo – y la cultura arquitectónica – aún miraba con optimismo un presente que le quedaba cómodo. Y es que el papel más importante que tiene la crítica es justamente el presentar los desajustes, los problemas, las falencias de la situación contemporánea. La crítica busca justamente superar las condiciones defectuosas que presenta el status quo. Por lo mismo, no es de extrañar que la crítica como forma de pensamiento arquitectónico hubiera casi desaparecido en medio de una escena caracterizada por la hegemonía de la “cultura de la celebración”. Nadie quería cambiar el estado de las cosas, nadie quería quedar mal con nadie, nadie quería aparecer frente a los otros como el “aguafiestas”. ¿El resultado? Un escenario en que la misma profesión de arquitecto aparece cada vez como una disciplina redundante. Al menos en la forma tal como se la ha estado concibiendo y ejerciendo hasta el momento.

Es dentro de este contexto que resulta llamativa la “crítica” que el arquitecto Lebbeus Woods ha publicado en su blog (http://lebbeuswoods.wordpress.com/), la cual – y en la forma de una carta de amor – critica el Aquarium Center de Zaha Hadid. El documento es el siguiente:

“¿Por qué salir de mi manera de criticar abiertamente el Centro Acuático de Zaha Hadid para los Juegos Olímpicos de Londres del 2012? En realidad, esta es una especie de carta de amor, de esas que comienzas con un “¿no me amas más?”

 

Me siento abandonado y despojado, por que uno de los más talentosos arquitectos de mi época se ha reducido a envolver esos programas convencionales en meras formas expresionistas, sin dejar a ni uno solo rayo de su genio iluminar a la condición humana. ¿Estoy siendo demasiado pretencioso o demandante? Por supuesto. Pero esa es la forma en que se comportan los amantes decepcionados. Demandas exageradas. La rabia que transgrede toda razón. Ella me ha dejado abatido, y lo que es peor, es que a ella no le podría importar menos.

 

¿Acaso ella me llamó por teléfono para preguntarme que era lo que yo pensaba de como debía ser el diseño? No. Si lo hubiera hecho sin duda le habría propuesto repensar los eventos acuáticos en si mismos, reconfigurar las piscinas de competición o al menos la relación entre estas y los asientos de los espectadores. ¿Cómo (cabría preguntarse) puede un arquitecto cambiar tan rígidas reglas de un deporte y las tradiciones que lo rodean? Bueno, ¿cómo puede un arquitecto desafiar las convenciones igualmente arraigadas acerca de cómo las personas habitan sus casas y las calles de su pueblo o ciudad? Simplemente teniendo una mejor idea. Zaha lo ha hecho antes.

 

Y, ¿me consultó ella acerca de la manera en que la forma del Centro debía expresar las “las fluidas geometrías del agua en movimiento? No. Si lo hubiera hecho, le habría aconsejado olvidar esta idea, porque es muy fácil y muy obvia. Aún si es que se pudiera lograr en formas arquitectónicas (lo que no es el caso, ya que la fluidez del agua  no tiene forma ni límites), sería mucho más convincente para los competidores y el público ser confrontados con las realidades de su relación. Por ejemplo, la fotografía más interesante de la serie de imágenes presentadas en el Arthitectural blog es la toma bajo el agua, donde la fuerza motriz de la coreografía de los brazos y piernas de los competidores pueden ser observados más de cerca.

 

¿Acaso cada obra de alguien con gran talento tiene que alcanzar una nueva cumbre en su rendimiento? No, por supuesto que no. O esperen. Al menos tiene un propósito para ello. En el Centro Acuático, tan prominente en la escena mundial de este momento, es que Zaha estaba obligada, creo yo, para dar un ejemplo midiendo su propio estado, y más aún, de su talento. El edificio terminado no muestra signos de cualquier intento de este tipo. Así lo dice un amante descorazonado. LW”.

 

“(arriba) Lo de siempre, pero con ventanas de forma elegante”. Lebbeus Woods.

“(arriba) Un mundo bajo al agua, en un momento de tranquilidad, a la espera de cobrar vida”. Lebbeus Woods.

 

This is not a love song.

Shakespeare dijo – a través de las palabras del príncipe de Dinamarca –  que “el drama es la sustancia en la que atraparé la conciencia del rey “(“The play´s the thing / Where in I`ll catch the conscience of the king”), haciendo alusión al poder que tiene a veces la representación y la farsa como una forma para llevar a cabo una crítica en medios en que la crítica abierta no es posible. Sin embargo, que Lebbeus Woods haya escogido justamente esta forma de crítica es preocupante. Ya que, si ni siquiera Lebbeus Woods se siente libre de poder realizar una crítica, es que los efectos que ha dejado la “cultura de la celebración” son más profundos de lo que se creía.

Por otra parte, este gusto por la farsa además da cuenta de un Woods que no ha dejado de ser posmoderno. Quien compartio lugar con la propia Hadid en la década de los ochenta de la categoría de “arquitectura deconstructivista”, centra su crítica justamente en aquellos aspectos que le eran tan caros al posmodernismo: el dominio de la emoción sobre la razón, el afán acrítico por lo nuevo – la famosa vocación por una permanente “avant-garde” – , la imagen como principal soporte de la arquitectura, etc, etc. Lo que da cuenta de un Lebbeus Woods que nunca ha dejado de ser posmoderno. Ni siquiera en estos tiempos de crisis global.

Pero lo que más preocupa en la crítica de Woods no es ni la forma de farsa que adopta esta (Dario Fo ha sido excepcional en el dominio de esta forma de crítica), ni que esta a ratos adopte una megalomanía apenas digerible (“¿Acaso ella me llamó por teléfono para preguntarme que era lo que yo pensaba de  como debía ser el diseño?”). No, lo preocupante en la crítica de Woods está en un arquitecto que aún concibe la arquitectura como producto del “genio” de un “gran talento”. En donde la calidad de la obra de arquitectura se mide respecto a las “cumbres” de la propia producción del arquitecto. Leyendo a Woods a uno le queda la impresión de que la arquitectura es una especie de competencia (¿olímpica?) por superarse a si mismo, por hacer una obra de arte cada vez superior. Lo cual estaría bien si la arquitectura no fuera además de una forma de arte, una actividad social. De ahí que resulte tan contradictoria la crítica de Woods a Hadid expresando su disconformidad por una obra que “se ha reducido a envolver esos programas convencionales en meras formas expresionistas”. En donde lo que se hecha en falta es la manera como se “envuelve” es justamente una de las dimensiones que adopta lo social en arquitectura: el programa.

Para Woods lo que está en juego – y lo que uno podría entender que forma parte de aquello que llama “lo que yo pensaba de como debía ser el diseño” – no es más que la forma que adopta la envolvente, la forma que adopta el espectáculo deportivo – que lo lleva de paso a despreciar a priori cualquier idea de tradición al respecto – y lo que le es más caro, la fallida relación metafórica de la obra de Hadid con el agua. Aspecto en que lo errado no estaría en lo banal de la estrategia metafórica – que el mismo ampliamente ha desarrollado en sus políticamente incómodos trabajos para Sarajevo – sino en lo “fácil y obvio”.

Lo que justamente es fallido en la crítica de Lebbeus Woods al Aquatic Center de Zaha Hadid – en cuanto no puede ser probada – es justamente que no hay crítica. Como la mayoría de los discursos posmodernistas – y a pesar de todo su bagaje pos-estructuralista – es al final y al cabo un dicho en el vació. Un discurso que crea la ilusión de que grandes cuestiones están en juego, mientras que en definitiva nunca se ha intentado cuestionar el status quo imperante. Esta impotencia del intelectual posmoderno, que con hermosos movimientos pretende borrar el drama cotidiano, se vuelve sumamente explícita en su constante llamado a la novedad. Por que en definitiva ¿qué es lo que Lebbeus Woods ve de defectuoso en las reglas y tradiciones del deporte, y en la forma en que “las convenciones igualmente arraigadas acerca de cómo las personas habitan sus casas y las calles de su pueblo o ciudad”? ¿Cuáles son los problemas que estas normas parecen legitimizar y mantener? Woods aquí nos lleva a un dilema: o realmente no hay problema en ellos, o no ha sido capaz el arquitecto de descubrirlos. Entonces, ¿que se trasgrede?

Hay una implícita violencia en el rol que le otorga al arquitecto en su crítica a Hadid. Un mundo en que el arquitecto es amo y señor, en donde con la misma facilidad con que controla la forma, dicta lo que es correcto e incorrecto respecto a las tradiciones y los modos de vida de las comunidades (¡al menos los modernos intentaban formular una explicación!). Un mundo en que la arquitectura es el medio de expresión para el genio creador del arquitecto. Un talento que entiende a la arquitectura principalmente como una carrera personal de una continúa superación. Un camino en cuyo final se encuentra aquello que en definitiva está en juego para el arquitecto posmoderno y por lo que vale la pena movilizar tantos esfuerzos personales y de la sociedad: su ego. VKPK.

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Un pensamiento en “Carta de un amante descorazonado: Lebbeus Woods y el Aquatic Center de Zaha Hadid.

  1. Lo mas doloroso es que la celebridad y seguimiento que se le hace tanto Lebbeus Woods, como a Zaha Hadid misma es producto directo de esta cultura de la novedad. Aun los proyectos de mayor compromiso de Woods (los de Berlin y Sarajevo), son legibles, desde una perspectiva un tanto cinica quizas, como una busqueda de novedad y notoriedad a traves de la incursion disciplinaria en los terrenos del comentario politico y critica social.
    Aparte de todo esto, mas que criticar la falta de innovación programática del edificio, Woods tendría que haber criticado la patente falla del ejercicio en el cual Hadid obviamente se embarco -la búsqueda estética- y la mas que admisible fealdad del producto final. Mas que una ballena, parece un branquiópodo

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