Toda esa arquitectura que no necesitamos: catástrofes, oportunismo y arquitectos.


Toda esa arquitectura que no necesitamos: catástrofes, oportunismo y arquitectos. Por: Gonzalo Carrasco Purull + Pedro Livni.

Oportunidad.

La arquitecta Elizabeth Farrelly –  columnista del periódico australiano The Sydney Morning Herald – el pasado 22 de septiembre, publicó la que puede ser una de las mejores columnas de crítica en lo que va del año. En Victims need art like a hole in the head (http://www.smh.com.au/opinion/society-and-culture/victims-need-art-like-a-hole-in-the-head-20110921-1kl4m.html), Farrelly desmantela – provista de una gran dosis de coraje y honestidad – de un tópico que se ha vuelto un tabú dentro de la cultura arquitectónica contemporánea: la relación entre catástrofe y oportunismo en arquitectura.

Basta con echar una rápida mirada a los titulares de los periódicos o encender cinco minutos el telediario, para darse cuente que la catástrofe – y sobretodo nuestra capacidad de respuesta ante ella – se ha vuelto uno de los principales temas  de nuestro mundo contemporáneo. Para Farrelly, el papel que tienen los arquitectos dentro de este escenario de emergencia, debería – en el mejor de los casos – ser contemplado con sospecha. Si bien hay arquitectos como el japonés Shigeru Ban que han hecho de la emergencia  toda una línea de investigación, existen otros que se mueven por motivos menos claros, por no decir lisa y llanamente por conveniencia. Esto muy bien lo ha señalado la crítica de la arquitectura Ada Louise Huxtable, al afirmar que:

“Hay (arquitectos) que invierten tiempo y talento de buen grado por una causa, y otros que están igualmente dispuestos a construir un infierno para el demonio que llevan dentro si es que se llega a presentar la oportunidad”.

Y es que la oportunidad roza delicadamente con el oportunismo. En un mundo aparentemente dominado por la seudo-filosofía de los seminarios económicos, del couching, y de los manuales de auto-ayuda,es que se ha instalado como uno de los más recurrentes lugares comunes, el de mirar toda catástrofe y  desgracia como “una oportunidad”. Pero el problema radica en que el “vaso medio lleno” muchas veces está destinado a parar a alimentar el ego de un arquitecto más que constituirse en una  real solución para los problemas generados en las precarias horas posteriores a toda catástrofe. Para Farrelly esto entraña una dolosa paradoja, experimentada recientemente por las víctimas del terremoto, tsunami y catástrofe nuclear de Japón.  En donde, las víctimas también tenían que preocuparse por la “asistencia” y “soluciones” que muchos arquitectos ofrecieron.

La crítica de Farrelly es valiosa en cuanto a que rompe una frontera no explicitada de censura ante cualquier intento de crítica que ponga en tela de juicio a las soluciones de emergencia. Esto explicado principalmente por el hecho de que la arquitectura de emergencia se reviste muchas veces de una altura moral a la cual es muy difícil cuestionar. Frente a cualquier crítica – aunque provenga desde el más básico sentido común – la arquitectura de emergencia se blinda respondiendo al iluso crítico con un “¿pero, no es esto mejor de lo que había antes”? Una reductio ad absordum que pocos críticos han sido capaces de salvar. Frente a la emergencia, la crítica aparece debilitada, casi accesoria. Un lujo propio de tiempos de bonanza. Porque efectivamente ¿qué puede importar la crítica en las horas posteriores a una catástrofe?

Si somos cínicos, nada por supuesto. Sin embargo, ¿es una excusa la catástrofe para el debilitamiento – a veces casi clínico – del juicio?

Frente a este dilema, Farrelly es demoledora devolviendo el guante con la formulación de otra pregunta: frente a una catástrofe ¿son los arquitectos efectivamente  imprescindibles para dar solución a la emergencia?

Por otra parte, si bien la prefabricación ha sido el motor durante el siglo XX de las más interesantes investigaciones en el campo de la arquitectura, la emergencia  pareciera ser el motivo ideal para activar ciertas necesidades por hacer de esta técnica un asunto al servicio  del genio del arquitecto. Es así como la prefabricación – y la construcción de refugios –  aparece como el mejor escenario – la mentada “oportunidad” – para que el arquitecto eche mano a una “estética de lo precario”. Donde la forma revestida de lo necesario, relaciona al arquitecto con gran parte de lo mejor de la producción moderna.  Para Farrelly  “muchos (arquitectos), tienen el plano de una casa prefabricada embalada en algún rincón polvoriento de su mente, a la espera del socialismo para poder volverse chic nuevamente”.

Linterna Verde.

Algunas de estos proyectos serán expuestos en la muestra Emergency Shelter Exhibition (http://www.emergencyshelteraustralia.com/index2.html),  a realizarse en el Sydney College of the Arts , entre el 20 y 30 de Octubre del 2011. Una actividad que se enmarca dentro del 2011 Sydney Architecture Festival (www.sydneyarchitecturefestival.org) y que está organizado por el arquitecto Jun Sakaguchi .  Firmas globales como Ateliers Jean Nouvel, PTW, Tonkin Zulaikha Greer Architects, COX, LAVA, KTA, GreenLeaf Engineers, Sou Fujimoto Architects, Terunobu Fujimori, participarán en este encuentro que busca mostrar soluciones para dar refugio a las victimas de futuras catástrofes. De estos ejemplos, el que entraña mayores problemas para Farrelly, es la propuesta de refugio de la firma Laboratory for Visionary Architecture (LAVA), quienes presentaron un artefacto inspirado en la mezcla de una lámpara de  origami, la plástica de los metabolistas japoneses de los sesenta y el imaginario de las cápsulas espaciales (una ecuación cultural de referencias que es explícita: Japon=origami=refugio=refugio como un origami). Sin embargo y a pesar de los múltiples cruces referenciales, la propuesta de LAVA apenas puede soportar el más somero análisis. Construida a partir de placas de contrachapado cortadas mediante máquinas CNC e iluminado por unas luces LED que hacen aparecer un brillante color verde-kriptonita pintado en la superficie de las placas, el refugio de LAVA cuesta imaginarlo ocupado por mujeres, niños o ancianos atemorizados y en una situación de precariedad extrema. Durante horas en donde se carece de lo más mínimo, cuesta visualizar donde se puede conseguir una máquina CNC, dónde se puede conectar una ampolleta LED o cual es el sentido de permanecer durante una catástrofe al interior de un ambiente provisto de una intensa luz verde-oliva.

Por que – y lo que es peor – el refugio de LAVA ni siquiera puede ser etiquetado como tal. Las placas, apiladas formando una especie de nido, no constituye ningún resguardo ni para el frío, el viento, la lluvia. Cuesta imaginar que vida se pueda reconstruir una vez que se salva la vida al interior de esta caja verde, un lugar que no permite casi ninguna actividad de sobrevivencia. Un lugar – casi se podría decir una mortaja – en donde ni siquiera se puede dormir, y que da cabida a sistemas tecnológicos de soporte de la vida humana básicos como es un baño, una cocina, o un generador eléctrico.

Si para cualquiera esto puede parecer algo así como una mala broma, no lo es al parecer para los comisarios de la muestra y para los editores de la revista Domus, quienes ya han publicado la “innovación” detrás del prototipo de LAVA (http://www.domusweb.it/en/news/emergency-shelter-exhibition/). Para Domus:

“Esta exposición consiste en la propuesta de refugios que no sólo sean capaces de proteger a las personas de la lluvia y de otros elementos propios de una situación de emergencia, sino que además de proveer un espacio en donde sentirse seguro y confortable en medio de un ambiente catastrófico, algo fundamental para el proceso de recuperación”.

Frente a una escena marcada por un cinismo de tal envergadura, cabe al menos formularse la pregunta ¿de verdad necesitamos toda esta arquitectura?

Al parecer, no de esta naturaleza.VKPK

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2 pensamientos en “Toda esa arquitectura que no necesitamos: catástrofes, oportunismo y arquitectos.

  1. ME PARECE MAS CONFORTABLE EL REFUGIO DEL HOMBRE PRIMITIVO Y ESO QUE NO ESTUDIÓ DISEÑO ,NI ARQUITECTURA SINO SIMPLEMENTE LA OVSERVACION DE LA NATURALEZA.

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