Rem Koolhaas, el arte contemporáneo y su anticipatoria contracara en las “B movies”


Rem Koolhaas, el arte contemporáneo y su anticipatoria contracara las “B movies”. Por: Pedro Livni + Gonzalo Carrasco Purull.

Aquel arte bello

Repasando someramente la historia de las artes visuales hasta la ilustración, se podría generalizar que estas se han abocado, mediante la representación y establecimiento de los diferentes cánones ideales de belleza, al entendimiento e interpretación del mundo y la vida. Canon de belleza usualmente asociado a un estado ideal de equilibrio y armonía que, usando las simples pero esclarecedoras palabras de Tomás de Aquino, se lo podría definir como “aquello que agrada a la vista”. Un arte que cíclicamente se va a plegar y replegar volviendo sobre los ideales de belleza alcanzados en el esplendor de aquella (y no la actual) cultura griega.

No por lo antes dicho, se desconocen los numerosos ejemplos de trabajos que desde la antigüedad, frecuentes en el arte medieval y también en figuras como las de Hieronymus Bosch y Pieter Bruegel, entre otros, han apelado, en oposición al canon de lo bello, por la representación de lo grotesco y caótico evidenciando la contracara de la moneda, un mundo repleto de penurias, contradicciones, conflictos y sufrimientos.

El fin de un mundo, el fin de la fe, el fin de un arte

Pasados los años de la Ilustración, con el advenimiento de la modernidad, el mundo denominado occidental se acelera, complejiza y seculariza con la consiguiente y paulatina pérdida de la fe (momento magníficamente representado en la película “Andrei Rublev” de Tarkovski). Proceso que paralelamente es acompañado por la denominada pérdida de función en las artes visuales. Función que en un primer momento estaba asignada, en las mal llamadas “culturas primitivas”, a la producción de objetos rituales, posteriormente sustituida en el mundo occidental por la representación eficaz de las diferentes religiones a las cuales se pionía al servicio, para pasar lentamente desde la ilustración hasta nuestro tiempo presente, a ser considerado arte en tanto que arte, dependiendo exclusivamente de la voluntad del artista. Cambio tempranamente advertida por Hegel, quien en su “Aesthetik, Aufbau-Verlag”, escribió:

En nuestros días el desarrollo de la reflexión y la crítica en casi todos los pueblos y entre nosotros en Alemania, casi como la libertad de pensamiento, se han apoderado de los artistas, y una vez terminados incluso los necesarios estadios particulares de la forma del arte romántico, los han convertido, por así decir, en una tabula rasa tanto frente a la materia como frente a la forma de su producción. El estar ligados a un contenido particular y a un modo de representación adaptado exclusivamente a esta materia, constituye, para los artistas actuales, algo anacrónico, de manera que el arte se ha convertido en un instrumento libre que el artista puede manejar uniformemente según la medida de su habilidad subjetiva en relación con cualquier contenido, sea cual fuere su género”

Un Hegel, que ya para su tiempo, reconoce el agotamiento del arte en su sentido tradicional (universal, objetivo, orgánico) en favor de la expresividad de la conciencia subjetiva del artista. Motivo por el que va a decretar la muerte del arte como institución supraindividual y como inmediata comunión con el universo.

Cambio también lucidamente explicitado por André Malraux en su “Voces del silencio” al comparar imaginariamente cómo sería percibida una obra de Manet por los ojos del Giotto, sobre lo que escribe:

El Cristo del Giotto será una obra de arte para Manet, pero el Cristo de los Ángeles de Manet no hubiera sido nada para el Giotto. Un buen pintor había sido un pintor eficaz, capaz de convencer al espectador, por la calidad de su Virgen, porque era más la virgen que ninguna otra cosa; lo que exigía un arte mayor. -concluyendo qué- La metamorfosis más profunda empezó cuando el arte no tuvo más fin que el suyo propio

La pérdida de función en las artes visuales es concomitantemente acompañada de la pérdida del lugar al cual la obra pertenecía. En el caso de los objetos rituales, a los cuales se les atribuía valores sagrados, generalmente permanecían guardados para ver la luz únicamente en el momento del rito. En las obras que mediante la representación eficaz estaban al servicio de las diferentes religiones, su lugar era el templo o las casas de culto.

Simultáneamente con la paulatina pérdida de función y la nueva concepción del arte en tanto que arte, acompañado del surgimiento de las grandes colecciones, se crean las nuevas instituciones que van a servir para dar cobijo a las obras y en las cuales estas pueden ser percibidas y enseñadas. Lugares que desprendiéndose de todo su contenido religioso pasan a estar presididos por los operadores culturales, comisarios, críticos y curadores, que toman el lugar de los antiguos líderes religiosos, y el mercado que de una manera u otra siempre está presente. Espacios que hoy comúnmente conocemos con el nombre de museos, pero dentro de las que también debemos incluir a las galerías y a los masivos eventos expositivos (bienales, trienales, etc.). En los que la pérdida de función es absoluta, ya sea mediante la descontextualización de obras y objetos que en otro tiempo y lugar la tuvieron en relación a un culto o al lugar donde estaban emplazados, o mediante la contención de la producción del arte actual, el cual responde únicamente a la voluntad del artista en el medio que este decida moverse. Si bien en muchos casos las obras, y más comúnmente en nuestra actualidad, suelen tener un contenido político muy fuerte, abordando temáticas contingentes a nuestro tiempo valiéndose de diferentes estrategias, ya sea apelando a lo bello, a lo feo y grotesco, a la desorientación, al disgusto o al impacto, tratando de hacernos reflexionar o advertirnos sobre diferentes asuntos y problemáticas de nuestro tiempo presente, el hecho de estar contenidas en los museos, galerías y exposiciones, hace que el espectador al cual se enfrentan, esté prevenido en su sometimiento y las experimente a modo de espectáculo. Quedando su eficacia muchas de las veces apagada dentro de la avasallante cantidad de obras que reúnen los museos contemporáneos. Como ya lo advirtió Guy Debord en su “Sociedad del espectáculo” recordándonos que “todo lo directamente experimentado se ha convertido en una representación” en la que “el espectáculo es la reconstrucción material de la ilusión religiosa”.

Segunda muerte

El pasado mayo de 2011 Rem Koolhaas, en su conferencia realizada en el Berlage Institute – http://www.vimeo.com/25071414 – , aborda la compleja problemática de la actual relación entre el arte contemporáneo y espacio expositivo. Un arte que a partir de la segunda postguerra con el advenimiento del pop art, inaugurado desde el seno del Independent Group por el famoso cuadro “Just What Is It That Makes Today’s Homes So Different, So Appealing?” del recientemente fallecido Richard Hamilton, se va a replegar, lo quiera o no, irreversiblemente sobre las fauces del mercado, como un objeto más convertido en puro espectáculo puesto a disposición para ser devorado por la dinámica de la nueva y avasallante sociedad de consumo.

Un arte que nuevamente se repliega sobre sí mismo, no simplemente como expresión de la subjetividad del artista, sino también como reflexión conceptual sobre del arte sobre si mismo y como institución. Lo que nuevamente llevó a decretar su muerte (para el caso fue Arthur C. Danto a partir de su reflexión sobre la obra “Cajas de Brillo” de Andy Warhol).

Un arte que abandonará definitivamente como paradigma de valor el canon de la belleza, para expandirse operando también desde la ironía, lo feo, bizarro, ordinario, etc, apelando cada vez en mayor medida a los diferentes formatos del espectáculo y la publicidad.

El Haus der Kunst, La New Tate y “el dominio autoritario del arte contemporáneo”

Koolhaas crudamente va a reflexionar sobre la problemática adecuación del arte contemporáneo en relación a dos museos, el Haus der Kunst en Múnich y la New Tate Gallery de Londres. Ambos devenidos de edificios preexistentes como ámbitos de exhibición para albergar el nuevo arte. El Haus der Kunst en Múnich, fue un museo concebido y construido por los nazis para exponer arte del partido en sus formatos tradicionales (pintura y escultura que obviamente exaltara y magnificara la condición aria de la raza), que tras haber sobrevivido a la Segunda Guerra es readecuado y utilizado para exhibir arte contemporáneo. Museo aparentemente muy apetecido por los artistas contemporáneos por la pervivencia de cierto aura nazi que aun mantiene, evidente en su axialidad y en la monumentalidad de la gran columnata dórica que se desarrolla ininterrumpidamente a lo largo de toda la fachada principal.

En el qué, como lo advierte Koolhaas, sucede algo perverso, el aura nazi del autoritarismo es en nuestra actualidada sustituida pero a su vez mantenida por el “dominio autoritario del arte contemporáneo”. Condición que claramente se evidenciada en la intervención “Flowers” (2005), llevada a cabo por el artista Paul Mccarthy, y en el dominante misticismo que en ese ambiente adquirió la instalación realizada en el 2007 por Anish Kapoor. Un tipo de arte, que tras haber desbordado y expandido continuamente sus formatos a partir de la segunda mitad del siglo XX, cada vez más compite y somete al publico que lo percibe y a la arquitectura que lo contiene.

Asimismo La New Tate, con su gran nave de turbinas preexistente creada para procesos industriales, es reconvertida desde el vaciado de sus contenidos en territorio para albergar el nuevo arte. Edificio sobre el que Koolhaas advierte que marca el inicio de una nueva etapa (en la que la arquitectura se repliega en mínimas intervenciones) que va a superar en importancia histórica al denominado “efecto Bilbao”. Nave de turbinas que, desde su inmenso tamaño y una arquitectura que se mantiene fuera de las intenciones del arte, permite albergar el desfile de las diferentes instalaciones que se suceden cada vez más desmesuradas en escala y recursos, que en pos de su dimensión espectacular terminan sometiendo autoritariamente al público que las percibe.

Instalaciones que a su vez redundan en imágenes y contenidos apocalípticos, que llevan a Koolhaas al relacionar este tipo de arte, no con el “importante arte histórico y colosal” del pasado, sino, desde sus recuerdos como guionista de cine (clase B), con las películas bizarras del cine clase B. Para lo que, con gran ironía y audacia, Koolhaas construye una serie de pares dialecticos que reafirman esta apreciación. Entre los que figuran pares, a priori irelacionables, como Olafur Eliasson con su “The Weather Project”(2003-04) y su espejo en la película “Sunshine” (2007) de Danny Boyle, a Dominique Gonzalez–Foerster con su “Octubre 2058” (2008-09) y su contracara en John Carpenter desde la película “The thing” (1982) y a Anselm Kiefer con su obra “The Seven Heavenly Palaces” (2004) y su consiguiente antecedente en el Kevin Costner de su malograda película “Waterworld”(1995), entre otros.

Dos conclusiones provisionales

Primero, que si el arte mediante los diferentes modos de representación apela al entendimiento e interpretación del mundo y la vida. El espejo de nuestro mundo contemporáneo en el arte, en el que el libre mercado y las fuerzas del capital lo han abarcado todo, se presenta decadente, agotado y no muy alentador. Situación de nuestro tiempo presente, también advertida por Koolhaas, no a modo de aprobación, sino como una declaración de hecho, al referir que “la economía de mercado es considerada como la lógica final y última no sólo de la vida económica, sino también de la vida política y cada vez más de la vida cultural

Segundo, que la arquitectura, como también lo evidencia Koolhaas en la misma presentación, tampoco se escapa de este fenómeno. Sino que se también se somete servicialmente a los deseos espectaculares del capital, abarrotando indiscriminadamente y sin concesiones la superficie del planeta con una desmesura formal también relacionable a las más bizarras imaginerías del cine clase B.

Un deseo

Como bien lo señalara Koolhaas en su “El cuento de la Piscina” (1977), la piscina de los ideales utópicos de un mundo mejor, elaborados desde la creencia marxista de una posible sociedad más igualitaria, se hundió al colisionar con la balsa de la Medusa, del capital, el optimismo naufraga en el pesimismo.

Por lo que esperemos la piscina, que aparentemente ha reflotado con los sucesos acaecidos desde el inicio de la llamada “Primavera árabe” y las recientes y cada vez más numerosas protestas que se están produciendo en el corazón mismo del centro financiero mundial (Manhattan) exigiendo un cambio en las reglas del juego, no naufrague nuevamente y que avizore por fin el agotamiento de una era y de un modo de hacer y no su profundización. VKPK

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