Depredaciones o sobre las réplicas de Roman Ondák


Depredaciones o sobre las réplicas de Roman Ondák. Por: Gonzalo Carrasco Purull.

Hasta el 20 de mayo, la Modern Art Oxford presenta la que es la primera muestra individual que el artista eslovaco Roman Ondák realiza en Inglaterra. Ondák que alcanzó notoriedad por su trabajo para el pabellón checo y eslovaco de la versión número 53 de la Bienal de Venecia en el 2009. Ocasión en donde montó una réplica exacta de los jardines del Giardini Publici de la Bienal, duplicando el paisaje a través del cual se movían los visitantes de la muestra.

Si en Venecia la réplica montada por Ondák funcionaba como un eco o deja vu en medio del recorrido de la exhibición, en el trabajo presentado para la Modern Art Oxford titulado “Time Capsule”, esa relación se ha vuelto menos clara o al menos más sospechosa. En medio de una sala en semi-penumbra, Ondák presenta una réplica de la cápsula “Fénix 2”, vehículo el cual sirvió como medio de rescate de los 33 mineros chilenos que a fines del 2010 quedaron atrapados al interior de una mina, a más de 700 metros de profundidad.  

La estrategia de Ondák esta muestra sus limitaciones, especialmente desde el punto de vista político. Mientras que el tema del jardín en la Bienal de Venecia – y su intromisión dentro del espacio de la exposición – podía ser visto como una infiltración doble del artificio del jardín y del artificio que constituye el arte contemporáneo, en el caso de “Time Capsule”  la réplica aparece como la exhibición de un espectáculo en el cual toda critica a las políticas económicas que produjeron el accidente han sido minimizadas. En la sala en semi-penumbra – que pretende replicar la experiencia de los mineros frente a la muerte – el arte ha devenido en espectáculo. Un espectáculo que se mueve más allá de la réplica, para entrar de lleno en el de la depredación.

Si el arte conceptual había tenido su fuerza precisamente en su negación del objeto y del fetiche en el arte, en “Time Capsule” la obra de arte no solo se centra, sino que nace a partir de la reproducción de un elemento icónico. No es trivial por lo tanto que la misma iluminación de la cápsula tenga muchas afinidades con cómo es la iluminación de objetos propios de las muestras arqueológicas, donde se exhiben muchas de las veces máscaras, objetos rituales o fetiches de culturas primitivas. Y es aquí donde políticamente el trabajo de Ondák se vuelve más sospechoso. Lo que se replica es un objeto que para el lugar donde se exhibe, este alcanza un estatus de obra provista de un cierto exotismo. Exotismo que es múltiple: exotismo no sólo de tema  (un accidente en un país en vías de desarrollo, con un final feliz), de lugar (el paisaje agreste del desierto chileno), de tiempo (una manera de ejercer la minería que remiten a otro tiempo) y sobre todo de tecnologías. Porque si hay algo que parece ser constante en el trabajo de Ondák es esa especie de malestar nacido en la cultura contemporánea por una realidad llena de mediaciones. En donde necesitamos que un artista como Ondák a través de la réplica de un jardín nos haga poner frente a nuestros ojos la naturaleza de una realidad ante la cual cada vez menos parecemos tener menos relación.

Y no podía ser de otra forma en que nuestras relaciones siempre mediadas con las tecnologías contemporáneas sean desestabilizadas a través de la exhibición de un aparato cargado con todo el exotismo propio de las tecnologías como las que generaron a la cápsula “Fénix 2”. Un aparato construido con las mismas tecnologías con que se podría armar un barril de petróleo. Tecnologías más bien del siglo XIX que del XXI y que en Ondák aparecen cargadas con todo su exotismo.

Pero todo exotismo implica una depredación. Un acto de tomar y llevar, de extirpar. Y lo que se extraña en toda operación de extracción, es el contexto sin el cual lo que se toma se completa. En “Time Capsule” lo que Ondák extrae con su réplica de la cápsula “Fénix 2” no son los mineros – que acá desaparecen en el anonimato de las imágenes que transmiten las pantallas de la sala – sino todo aquellas relaciones contextuales que hicieron del accidente de los mineros un hecho políticamente cargado. Un acto de depredación en que lo que se replica es el fetiche y lo que se exhibe es un espacio vació llenado únicamente por el artista que tal como un narciso, se detiene en la imagen refleja que le devuelve su propia obra.VKPK

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