El centro dislocado: la Bienal de Arquitectura Latinoamericana de Pamplona 2011, una lectura desde las colonias.


El centro dislocado: la Bienal de Arquitectura Latinoamericana de Pamplona 2011, una lectura desde las colonias. Por: Pedro Livni + Gonzalo Carrasco Purull.

La Bienal de Arquitectura Latinoamericana, BAL 2011 (http://www.as20.org ) es un evento que reunirá lo más destacado de la escena latinoamericana sub-40. Organizado por el Grupo de Investigación Arquitectura del Siglo XX (as20) –  a través de la Universidad de Navarra – la Bienal tiene como objetivo el de constituir “un cauce para presentar en España ejemplos recientes y destacados del ejercicio profesional de arquitectos jóvenes al otro lado del océano, generando un foro en el que se estrechen lazos, se acorten distancias y se establezca un firme y sólido contrapunto al universo anglosajón”. Es bajo este espíritu de presentar lo ejemplar de una arquitectura “de la otra orilla del charco”, es que destaca la participación de arquitectos de producción excepcional, tales como OWAR Arquitectos, dRN Arquitectos, Polidura+Talhouk Arquitectos, Paisajes Emergentes, Arquitectos Asociados y FRENTEarquitectura, entre otros.

Mientras que la calidad de la selección ha quedado asegurada por la presencia de importantes figuras en el comité científico, tales como Fernando Pérez Oyarzún (Chile), Alejandro Aravena (Chile), Enrique X. de Anda (México),Carlos Ferreira Martins (Brazil) y Jorge F. Liermur (Argentina). Lo que primero llama la atención del evento es su marcada dislocación. Dislocación que se traduce en el hecho de que una Bienal Latinoamericana se monte en España. Un desplazamiento no carente de consecuencias.

Lo primero que destaca en la BAL 2011, es el criterio con el cual ha sido leída Latinoamérica. Esta se lee como un territorio identificado principalmente desde sus condiciones geográficas.  Es así como este territorio extenso, se fracciona en cinco zonas geográficas: México; Colombia-Zona Caribe-Ecuador-Venezuela; Brasil; Argentina-Uruguay-Paraguay; y, Chile-Bolivia-Perú.

Una lectura de Latinoamérica que además se superpone a otra lectura del continente ya conocida, también realizada desde España: la subdivisión de América a partir de Virreinatos. Una superposición que encaja casi a la perfección con los dominios del Virreinato de Nueva España, el Virreinato de Nueva Granada, el Virreinato del Brasil, el Virreinato de la Plata y el Virreinato del Perú.

¿Puede sostenerse hoy en día, que la cultura Latinoamericana únicamente puede ser definida  por su geografía, precisamente cuando lo que se busca presentar en una Bienal de Arquitectura es la construcción (literal y fenomenal) de parte de esa misma cultura? ¿Esto sobre todo, cuando este criterio implica unas cuotas de presentación por zona? ¿No habrá otra forma de leer una producción arquitectónica de calidad como la presentada que no esté fijada exclusivamente a las diferencias geográficas? En medio de una sociedad plenamente globalizada, ¿Latinoamérica puede ser más que geografía?

Categorías, o sobre la forma de las migraciones.

Como bien se sabe, desde que en 1955 el historiador H. R. Hitchcock hiciera mundialmente  conocida la categoría “arquitectura latinoamericana”, esta ha sido empleada de múltiples maneras, sirviendo a múltiples propósitos, empleándose aún en nuestros días. En su comienzo esta categoría – creada desde una institución: el MOMA de NY –  fue empleada para hacer referencia a la producción arquitectónica en el continente Americano, menos Canadá y los EEUU. Con la intención muy precisa de los EEUU de testear la influencia de dicho país en la producción arquitectónica (y cultural) del resto de América. Convirtiéndose de paso en el centro de producción cultural, desplazando la hegemonía que Europa mantenía hasta ese entonces

Para la construcción de esta categoría, Hitchcock comienza por destacar las cualidades geográficas del continente, asociadas a lo remoto y lejano, lo exótico,  cualidades todas que van a ser fundamentales para entender el fenómeno latinoamericano. Una mirada que va a hacer evidente un enfoque desde un “exterior”, mostrando a Latinoamérica como periferia respecto a un centro. Es así como por “arquitectura latinoamericana” se reforzará toda una serie de dependencias y relaciones de subordinación, en donde la producción arquitectónica o bien responde a una ciertas “influencias” respecto a unos centros, o en el mejor de los casos a una exacerbada sensibilidad ante un continente entendido principalmente como geografía.

Por otra parte, esta categoría de “arquitectura latinoamericana” va a ser retomada en un sentido totalmente opuesto por los críticos sudamericanos (Gutiérrez, Waisman, Bullrich, Eliash, entre otros), quienes a fines de la década de los 70 la posicionarán, adquiriendo mucha fuerza durante la década de los 80. Es así como la categoría de “arquitectura latinoamericana” va a ser empleada  desde un  discurso de resistencia ante el dominio cultural proveniente desde unos centros hegemónicos, sobre todo los EEUU y Europa.

Paradójicamente, esta segunda utilización del término “arquitectura latinoamericana” –  en su sentido de resistencia – va a repetir la misma lógica contenida en su primera acepción: la de forzar múltiples y diversas producciones en una misma categoría monolítica. Haciendo evidente “que las cosas están pasan en otras partes”.

Simetrías suaves, colonialismo suave.

Francisco Liermur – una de las voces más autorizadas de la región e integrante del comité científico del BAL 2011 – fue invitado hace unos años como jurado de la versión latinoamericana del Mies van der Rohe Award. En esa ocasión, Liermur explicaba su decisión a rechazar tal invitación, motivado por el hecho de que – y a diferencia de la versión europea del premio – existía una supremacía de jurados europeos. Este malestar en la composición del jurado, Liermur lo describía como “simetrías suaves”:

“Observando la composición del jurado del premio, quizás se nos podría decir que las cosas no son tan tremendas. Después de todo, de los nueve que lo otorgaron, los latinoamericanos son casi la mitad – cuatro – mientras que solamente cinco, los restantes, provienen de distintos países europeos y de Estados Unidos. Es lo que llamo una simetría suave. Que ciertamente adquiere mayor vigor cuando se observa que a su vez ninguno de los nueve miembros del jurado que otorga el premio europeo proviene de América Latina. Me pregunto cuál es la base de esta diferencia y no logro organizar alguna respuesta razonable y / o “politically correct”. Es cierto que se trata de un premio otorgado por una institución europea, pero entonces: ¿Qué hacen en el jurado latinoamericano dos miembros provenientes de Estados Unidos? ¿No bastaría con un representante de la institución promotora – el secretario, por caso – para cumplir un comprensible requisito formal? Visto en el otro sentido: ¿Por qué motivo no hay ni hubo hasta ahora ningún miembro latinoamericano en el jurado europeo? No ciertamente por razones de estricta pertinencia geográfica. En ese caso: ¿Qué hacía en uno de ellos un prestigioso colega japonés?”

Mientras que para Liermur estas “simetrías suaves” eran producto de una composición del jurado desde el reconocimiento de un centro hacia unas periferias, en el caso del BAL se podría hablar de unas “dependencias suaves”. Unas dependencias que no pasan por la constitución de quien hace la selección – un destacado grupo de intelectuales latinoamericanos – sino que por un evento “desplazado”, que habla de una centralidad “dislocada”. Porque uno se podría preguntar tal como Liermur, de lo – al menos extraño – de realizar una Bienal Latinoamericana en un centro dislocado como es Pamplona. Tan extraño como realizar una Bienal de Arquitectura Europea en Sao Paulo, Montevideo o México D.F.

 

Pamplona, el centro dislocado.

La BAL 2011 en sus objetivos, junto con servir de plataforma a lo más fresco de la escena latinoamericana, señala que “esta iniciativa se pone en marcha con el ambicioso objetivo de que la ciudad de Pamplona se convierta en una clara referencia cultural y punto de contacto y aproximación a Europa por parte del mundo cultural latinoamericano”. Es así que si bien Pamplona frente a Latinoamérica pretende aparecer como un centro desde el cual se presenta – se lee – una periferia, esta misma ciudad busca por medio de este evento salir de su condición periférica respecto a otros centros culturales. En una lógica que tal como el mecanismo de una muñeca rusa, habla de un centro que mira a otro centro, que a su vez busca otros centros. Un comportamiento que describe la futilidad y el carácter efímero, precario y huidizo que tienen las centralidades – al menos las culturales – en la escena contemporánea.

Adrian Searle en un artículo publicado el pasado 27 de marzo para The Guardian, analizaba la complicada situación de la escena cultural española. En donde y a pesar de las fuertes inversiones llevadas a cabo tanto por el gobierno español como por parte de inversionistas privados, no han logrado posicionar a España como un centro dentro del escenario cultural internacional. Y esto a pesar de la realización de concursos destinados a promocionar a artistas emergentes, a la creación de becas y a la construcción de museos llevado a cabo por destacados arquitectos del “star-system”. A pesar del Guggenheim de Bilbao, el Reina Sofía, el MACBA, el Marco, o la aún inacabada y faraónica Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela, la escena cultural española no logra constituirse en un centro. Los artistas españoles, muchos de ellos beneficiados con los esfuerzos llevados a cabo en los últimos años por las políticas culturales, terminan por emigrar hacia otros lugares, hacia otros centros.

La centralidad dislocada del BAL 2011 tal vez justifique preguntarse por la naturaleza de los centros culturales contemporáneos. Mientras Berlín, París y Nueva York, constituyeron en el pasado centro sólidamente anclados a un lugar – centros localizados – la escena contemporánea parece moverse hacia una constitución dislocada de la idea de centralidad. En donde los centros son móviles, sufren dislocaciones y desplazamientos.

 

Dislocaciones o la estrategia Moby Dick.

La dislocación de los centros habla de una tras-territoriedad, de una movilidad que exige nuevas formas de leer el terreno sobre el cual se transita. Y esto implica nuevas formas de representar los territorios culturales. Tal como el mapa de América publicado por el colectivo Amereida en los sesenta, deudor de “Sur, nuestro norte” de J. T. Garcia con su famosa América invertida, o el mapa Dimaxion de Buckminster Fuller, en donde una lectura del territorio va asociada a una nueva manera de pensarlo. Se necesitan unas maneras de pensar, leer e imaginar un territorio que rompan con las lecturas coloniales. Unas lecturas que hablen de una vocación por la movilidad, la simultaneidad, por la ocupación de posiciones que se saben transitorias. Una capacidad que al igual que Moby Dick, permita estar en todas partes haciendo de lo eventual su fortaleza.

Porque Moby Dick sabía que el mar, en su incesante cambio, siempre termina por borrar tus huellas.VKPK.

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2 pensamientos en “El centro dislocado: la Bienal de Arquitectura Latinoamericana de Pamplona 2011, una lectura desde las colonias.

  1. felicidades, navegantes del espacio infinito….
    pregunta: ¿qué hacen estos personajes arropados por una universidad del opus hablando de latinoamérica?
    Dime con quién andas…

    • Gracias Laika por tu opinión. Una de los aspecto que más nos hacen pensar, es que para una muestra que como condición exija que 40 años sea la edad límite para participar, no haya ningún crítico dentro de la comisión científica que sea contemporáneo a los arquitectos presentados. Sin desmerecer a los integrantes – todos con méritos suficientes para estar allí, algunos verdaderos maestros – creemos que la escena latinoamericana necesita hoy más que nunca producir no sólo obras de arquitectura de calidad, sino que también una escena crítica que pueda leer, registrar e interpretar no sólo estas obras, sino que desde el continente interpretar los temas y problemáticas que están hoy en día dibujando la agenda mundial. Mientras no se rompa ese nudo gordiano, los arquitectos mantendrán una relación maestro-alumno con una crítica formada desde la formulación de otros problemas, o en el peor de los casos, seguiremos siendo leídos desde fuera, reforzando relaciones de dependencia con lugares reconocidos como centros.
      Gracias por tu opinión y te invitamos a seguir participando en vostokproject.

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