Junkie Schindler: Johan Freeman & Justin Lowe, ruinas y simulacros del moderno americano.


Junkie Schindler: Johan Freeman & Justin Lowe, ruinas y simulacros del moderno americano. Por: Gonzalo Carrasco Purull.

 

En octubre pasado, los artistas Johan Freeman y Justin Lowe montaron una instalación titulada “Bright White Underground” que transformó radicalmente la Buck House, una de las obras más célebres del arquitecto Rudolf Schindler. Bajo el auspicio de la Country Club Gallery, los artistas Freeman & Lowe intervinieron sobre la misma casa, haciendo de este lugar la última escena de una ficción alimentada por el consumo de drogas y la escena contracultural de la América de los sesenta.

 

Basándose en la figura de Timothy Leary y los experimentos clandestinos con LSD llevados a cabo por la CIA en los sesenta. Freeman & Lowe representaron una historia protagonizada por el Dr. Arthur Cook, un siquiatra de Hollywood que habría experimentado con una droga llamada “Marasa”. Alucinógeno capaz de producir desórdenes en la percepción, haciendo que el propio cuerpo sea reconocido como algo ajeno, como algo extraño. Un estado de  disociación, en que lo otro – la imagen del propio cuerpo – se identifica con lo negativo, lo deformado.

 

Es a partir del montaje de este drama, que la misma Buck House aparece como una imagen disociada de las arquitecturas iluminadas y pulcras de Rudolf Schindler. Sus interiores fueron modificados para que aparecieran como vestigios de un pasado convulso, en donde al igual que el cuerpo de un junkie, la casa de cuenta de las heridas, quiebres, resquebrajamientos  y descomposiciones en sus superficies. Una serie de fotografías acompañaban a los visitantes por este viaje hacia un pasado de ficción, dando cuenta de una época dorada en la casa, en donde el Dr. Cook y su grupo realizaban sus lisérgicas reuniones, en donde lo sofisticado y lo moderno se fusionaban con el descontrol y la decadencia.

Recortes de diarios cubrían los grandes ventanales de una arquitectura otrora radiante, mientras que los recintos vieron alterados radicalmente su destino original. Es así como la cocina se transformó en un laboratorio para producir drogas, mientras que los armarios se volvieron en salas de música. Las voces de los huéspedes del Dr. Cook surgían detrás de las paredes de la casa, atrapadas en el registro de grabaciones que se repetían constantemente a medida que se avanzaba por un  suelo que sirve como recipiente para todo lo olvidado y rechazado por el tiempo.

 

Si bien el trabajo de Freeman & Lowe está a medio camino del arte conceptual y la escenografía, reubica a la arquitectura de los sesenta en ese lugar indeterminado que constituye la ruina, el despojo y el desecho. Un espacio en donde el fetiche de la obra maestra desaparece y es sustituido por el detritus de lo cotidiano. En donde la entropía parece llenarlo todo, sobrescribiendo a través de la pátina, el óxido y la mugre un nuevo texto que actúa en oposición a una historicidad oficial. Un ejercicio necesario en medio de una escena contemporánea en que las obras de arquitectura suelen en convertirse  en fósiles de sí mismas, en meros registros de un pasado hecho monumento. Un estado de disociación, en donde el sujeto siempre queda fuera. VKPK.

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