vostokproject, o como navegar sin instrumentos.


 

Vostokproject, o cómo navegar sin instrumentos. Por Gonzalo Carrasco Purull.

El 12 de abril de 1961, en el cosmódromo de Baikonur, Yuri Gagarin entraba a la pequeña cabina de la Vostok 1. Una radio y un equipo de televisión eran el único equipamiento disponible en la que sería una de las últimas epopeyas del siglo XX. El vuelo fue completamente automatizado, llegando a estar el tablero bloqueado, haciendo que Yuri Gagarin más que un piloto, fuera más bien un pasajero, uno enviado hacia la frontera de lo posible. Llevaba junto a él un sobre con los códigos numéricos de la nave, los cuales en caso de producirse  fallas en la navegación, le permitiese tomar el control y regresar. Yuri se convertiría de esta forma en piloto únicamente ante la inminencia de la catastrofe.

Dicen que Yuri Gagarin al salir de la atmósfera terrestre sólo atino a decir “la tierra es azul”. Unas primeras palabras nacidas del estupor del navegante que sale de lo conocido para adentrarse a la inmensidad de lo incomprensible. Unas palabras que carecían de la pompa de las dichas por Armstrong años más tarde. Hecho que rápidamente Nikita Jrushchov solucionaría, afirmando que el cosmonauta lo que en realidad dijo fue “aqui no veo a ningún Dios”.

Pero lo que vio ese joven hijo de un carpintero , fue algo que iba más allá de toda ideología. En la soledad de su orbitar a 315 kilómetros de altitud, Yuri Gagarin contempló la Tierra como nunca nadie lo habiá hecho jamás. Lo fragmentario, lo disperso, lo complejo, lo fracturado, alcanzó ante sus ojos la inteligibilidad de la completitud. Mientras orbitaba con sus ojos anegados del azul, tras el grueso vidrio de la cápsula Vostok, sintió que toda esa belleza ante él era de una precariedad absoluta. Una visión que lo llevó a exclamar: “pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos”.

Al regresar, después de 84,34 minutos de orbitar alrededor de la Tierra, el módulo de equipamiento de la nave no se separó, quemándose al entrar a la atmósfera. Todo el programa Vostok descansaba en este delicado equilibrio entre el control y el desastre. És así que la tecnología se mostró nuevamente como  incompleta. En donde no se excluye ni el error ni el fallo – sino que por el contrario – se encuentra atada firmemente a una contingencia de lugar y tiempo.

Gagarin logró salvarse descendiendo por paracaídas. Una campesina rusa fue la primera persona en contemplar los ojos de Yuri, inundados de un azul de una belleza precaria. Un azul que fue quizás lo que trataba de alcanzar ese día de marzo del 68, cuando perdió el control de su MIG-15.  Un azul tras el cual apareció al menos por un instante, la coherencia detrás de lo fragmentado, de lo disperso, de lo que en última instancia constituye la materia del ser contemporáneo.

Al igual que el vuelo de Yuri, vostokproject propone un vuelo sin instrumentos hacia la atmósfera inestable de un escenario contemporáneo fragmentado , disociado y complejo. Un mundo huérfano de grandes narraciones, héroes y mitos. Un escenario en donde nos movemos con un equipamiento de soporte vital mínimo, en donde las herramientas para desenvolverse en él, necesitan ser ensambladas a diario. Es en este lugar de la hiper-contemporaneidad, más allá del los “-ismos”, “avant-“, “neo-” , “trans-” y “post-“, en donde vostokproject orbitará. Un viaje hacia la definición de una agenda de lo provisorio y lo precario. Una agenda en estado gaseoso, constituida por  ideas en ebullición.VKPK.

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