De la firma al brand: Marina Abramovic y Damien Hirst, emprendedores.


De la firma al brand: Marina Abramovic y Damien Hirst, emprendedores. Por: Gonzalo Carrasco Purull + Pedro Livni.

 

A pesar de que puede parecer una paradoja, invertir en arte en tiempos de crisis puede ser una forma segura a través de las cuales las empresas salvaguardan su capital hasta que las condiciones del escenario cambien. Ocurrió ya después de la Gran Depresión, así como luego de la profunda recesión después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, hoy por hoy, este rol asignado al arte se ha vuelto más complejo. Y es que la actual crisis – a diferencia de sus equivalentes en años posteriores – tiene un nuevo actor: el star-artist. Artistas que han visto valorizar no sólo sus obras (lo que era lo usual, al menos hasta el Dalí en Norteamérica y la figura de Andy Warhol), sino que también su propia persona. Con el estatus de star-artist la relación obra-creador parece difuminarse. Mientras que el proceso de fetichización de la obra de arte había primero alcanzado a la “firma” (baste recordar el estatus de iconos que han alcanzado las firmas de un Picasso o un Van Gogh), en las últimas décadas la propia figura ha devenido en fetiche, en pura mercancía…y de la mejor.

Por eso es que no es de extrañar los anuncios realizados la semana recién pasada de emprendimientos llevados a cabo – en medio de una de las más profundas crisis económicas de los últimos años – por parte de dos de las figuras más icónicas del grupo de los star-artist. Nos referimos a la artista serbia Marina Abramovic y el inglés Damián Hirst.

Marina y Rem.

 

La noticia la dio la propia Marina Abramovic durante un encuentro con un grupo de coleccionistas de arte el martes pasado. Fue en esa ocasión donde anunció su proyecto de convertir las instalaciones de un viejo cine en el poblado de Hudson, NY – que en la actualidad funcionaba como un club de tenis – en un Centro para la Preservación de las Artes Performativas. Un proyecto cuya arquitectura será desarrollada por la sede de Nueva York de OMA, bajo la dirección del socio de Koolhaas, el arquitecto Shohei Shigematsu.

En una entrevista realizada por Janelle Zara para Artinfo < http://goo.gl/alOUJ > Shigematsu adelantó que el proyecto consistirá más que en un museo o una galería de arte, en un lugar destinado a que “sucedan cosas”. En este recinto Abramovic – célebre por sus performances de larga duración, como la que exhibió en el MOMA en el 2010 y en la cual ella permaneció más de 700 horas sentadas inmóvil – espera presentar obras que tengan una duración mínima de 6 horas así como performances que puedan durar días. Condiciones curatoriales que influenciarán en todo el diseño que realice OMA. Es así como Abramovic desea diseñar un mobiliario acorde a estas condiciones, en donde destacan unos sillones provistos con ruedas, una mesa para poder comer y una lámpara, en las cuales los asistentes puedan cómodamente tanto observar las obras como tener libertar absoluta de desplazamiento dentro del lugar. Previendo que la concentración de obras tan largas no cualquier persona puede soportarla, es que Abramovic piensa en facilitar una zona de dormitorios para que quienes quieren dormir por un rato puedan ser llevados con tan sólo levantar una mano. Junto con esto, Abramovic piensa incorporar la adecuación de un edificio adyacente como hotel – lo más probable que esté a cargo de Andre Balazs – destinado a los múltiples fanáticos y seguidores de la obra de la artista serbia. Además de las facilidades típicas de los programas culturales modernos – biblioteca, restaurante, salas de convenciones, etc. – Abramovic desea dar cabida a recintos de carácter educativo, en donde jóvenes artistas puedan entrenarse en el “sistema Abramovic” de aprendizaje de las artes preformativas.

Vista exterior del edificio que albergará el futuro Centro para la Preservación de las Artes Performativas.

Marina Abramovic. Artist is Present. Exhibición en el MOMA, NYC, 2010.

 Marina Abramovic, Artist is Present. Performance presentada en la muestra dedicada a la artista por el MOMA el año 2010. La performance consistía en la presentación de la misma artista frente a los asistentes, para lo cual permaneció sentada inmóvil por más de 700 horas.

Marina Abramovic, “Imponderabilia”. Performance, 1977.

Marina Abramovic, “Imponderabilia”. Performance, 2010. Reposición de la obra de 1977 en el marco de la exhibición retroespectiva “Marina Abramovic. Artist is Present”.

Si bien aún no se han dado cifras acerca del presupuesto estimado – mientras que Abramovic habla de US$ 8 millones, Shigematsu prefiere ser cauto y pensar más bien en US$15 o 20 millones – el proyecto debería entrar en su etapa de diseño definitivo en los próximos tres meses. Si bien la relación entre Koolhaas y Abramovic se puede rastrear desde la incorporación en el libro S,M,L,XL de la fotografía de la performance “Imponderabilia”,  actualmente OMA está desarrollando junto a Abramovic la reconversión de unas instalaciones industriales que datan de la época del dictador Tito, las cuales – y tal como ha adelantado Shigematsu – se transformarán en un espacio cultural de una dimensión mayor que el espacio ocupado por la Bienal de Venecia.

El punk en la granja.

 

No se podría hablar del estatus de star-artist sin mencionar a quien tal vez puede ser considerado como su más acaudalado representante. Damien Hirst encarnó el ideal del artista joven de los noventa, o como los medios esperaban que luciera: autodestructivo, escandaloso, con problemas de adicción a la cocaína y el alcohol, y sobre todo, siempre absolutamente políticamente incorrecto. Fascinado con la muerte, este ex – punk (amigo cercano de Joe Strummer de The Clash), adquirió relevancia mundial principalmente producto de las altas sumas con que fueron subastadas algunas de sus obras, producto de lo cual se convirtió – hasta el día de hoy – en el artista vivo más acaudalado del mundo. Desde su “The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living” (que consistía en un tiburón tigre de14 metrosde largo dentro de un estanque lleno de formol) vendido el 2004 en 10 millones de dólares, hasta su célebre “For Love of God” (una real calavera humana cubierta con 8.601 diamantes) subastado en 74 millones de euros, la obra de Hirst se ha caracterizado por aparecer siempre acompañada con la imagen del artísta que vive de la impostura, de la polémica y del escándalo.

La semana pasada el arquitecto Mike Rundell – miembro del despacho MRJ Rundell Associates – anunció el nuevo proyecto encargado por su cliente Damien Hirst: la construcción de un desarrollo urbano en Ilfracombe (Devon, UK) consistente en 500 casas diseñadas siguiendo altos estándares ecológicos. Y es que un fuerte vínculo une a Hirst con Ilfracombe desde que ál junto con su familia se mudó a una casa de más de 300 años de antigüedad emplazada en Devon.

El artista Damien Hirst posando junto a su obra “For Love of God”.

Damien Hirst, “Natural History”. Vaca disecada sobre espejo.

Entrada a una de las granjas del desarrollo de Hirst.

Sitio de las obras.

El proyecto de Hirst busca posicionar a Ilfracombe como un ejemplo en solución de comunidad ecológica para todo Inglaterra – la provisión de paneles fotovoltaicos, molinos de energía eólica y una correcta aislación, etc – dando forma a un emprendimiento inmobiliario destinado a jóvenes familias de buenos ingresos que quieran dejar Londres por un entorno sustentable en medio de un entorno pastoril. Un estilo de vida suburbanos, en baja densidad, con alimentos naturales producidos localmente, una ética del reciclaje y de los materiales naturales. En donde la arquitectura no sea monótona, pero tampoco busque romper con las tradiciones constructivas locales. Es así como Hirst a pedido a sus arquitectos que las casas estén provistas de detalles contextuales tales como cubiertas a dos aguas, bow-windows y el empleo de materiales propios del lugar. Unas soluciones habitaciones que asegurarán a quienes puedan pagar los precios de estas casas – cuya suma aún no se da a conocer, pero que se prevee mucho más alto que una vivienda tradicional – una experiencia contemporánea de la vida en una granja. Un appeal ecológico que tal como declaró el arquitecto Mike Rundell es muy conciente de cual son sus verdaderos objetivos:

“Tienes que preguntarte a ti mismo, ¿quieres una vivienda barata o deseas atraer a las empresas y al dinero para permitir que el pueblo se desarrolle?”

 

Damien Hirst, “The Virgin Mother”. Patio de la Lever House, NYC.

 Damien Hirst posando junto a una de sus pinturas seriales.

La oportunidad del arte.

 

El que el valor de una obra de arte pueda ser fijada en un monto objetivo de dinero pasará a la historia como uno de los hechos más radicales experimentados por las obras de arte en el siglo XX. Un proceso de reificación sin vuelta atrás, por el cual se puede determinar no sólo el precio de una obra, sino que además, cuál es el mejor artista. Un proceso en el cual muchas veces la misma obra pasa a segundo plano. En donde el artista tiene que estar casi tan preocupado por su producción como en la publicidad y difusión de su obra. Si los setentas fue fuerte la figura del artista auto-consciente que era él – y no la obra – quien debía “explicar” su obra, desde los noventa su papel incluso ha desplazado a la misma obra. Es la propia figura del artista quien ha pasado a ocupar el lugar de la obra. Es tal vez por eso que un aspecto tan característico del ser humano – como es su nombre – también ha sido deificado, deviniendo en marca (brand). La cual tal como lo ha mostrado Naomi Klein, se identifica por su carácter abstracto y desterritorializado. El artista al devenir en “brand” más que en “autor” – el responsable de la causa de que suceda algo – talvez también ha sufrido una desterritorialización. Una pérdida de foco que lo coloca – paradójicamente – fuera de su obra. De ahí que hoy por hoy conozcamos a muchos de estos star-artists más por sus nombres, rostros y formas de vestir que por su obra misma. Quizás sea la razón que más que las galerías o museos que exhiben sus obras, sean las oportunidades en que estos se hacen públicos – en fiestas, lecturas, inauguraciones, galas, entrevistas, etc, etc – las oportunidades donde tanta fascinación desencadenan.

Este proceso de fusión del artista y su obra, de reificación, de traspaso de autoría al “brand”, del interés de muchos de estos artistas por funcionar con y en las lógicas del mercado, en ser sumamente sensibles a las tendencias y a los cambios de percepción de sus audiencias, nos hablan de una forma de hacer – y entender el arte – que ha renunciado de una vez por todas a transformar el estado de las cosas. De ahí que mucha de su impostura y su radicalidad adquieren la forma impotente de un gesto hecho en el vació.

Esta imposibilidad de reunir la esfera de lo cuantificable en la dimensión cualificable del arte, lo supo muy bien advertir el poeta Ezra Pound en su Canto XLV, en el cual anunciaba que:

“Duccio came not by usura

nor Pier della Francesca; Zuan Bellin`not by usura

nor was “La Calunnia`painted.

Came not by usura Angelico; came not Ambrogio Praedis,

Came no church of cut stone signed: Adamo me fecit”.

VKPK.


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