Capitales en riesgo: Gordon Bunshaft y la defensa del banco más hermoso jamás construido.


Capitales en riesgo: Gordon Bunshaft y la defensa del banco más hermoso jamás construido. Por: Gonzalo Carrasco Purull + Pedro Livni.

 

Show me the Money.

Gordon Bunshaft (1909-1990) – arquitecto socio de la oficina Skidmore, Owen and Merrill – diseñó hacia 1954 uno de sus mejores obras: la sede del Manufacturers Hanover Trust. Emplazado en el 510 de la 5th Avenue (justo en la esquina con la 43rd Street), el edificio ideado por Bunshaft surge como un silencioso paralelepípedo de cristal transparente. Característica que quedó registrada en las canónicas fotografías en blanco y negro obtenidas por Ezta Stoller (1915-2004), en las cuales se hace evidente la intención de Bunshaft por difuminar los límites espaciales entre interior y exterior. Un objetivo que parece ser contradictorio a primera vista con un edificio que tiene como principal función el de custodiar los bienes de sus clientes.

Sin embargo ahí radica la maravillosa estrategia de Bunshaft, quien le imprime un matiz ético a las relaciones entre una entidad financiera y sus clientes. Una relación basada en la confianza mutua, provista de una transparencia en que nada se tiene que ocultar. Un desvelamiento que tiene como consecuencia la visualización desde la acera de aquella zona que casi todo banco oculta celosamente: la bóveda.

Es así como los clientes del Manufacturers Hanover Trust podía ver a cualquier hora del día sus bienes custodiados. Desde la calle – y a través de los amplios cristales dispuestos por Bunshaft – la bóveda aparecía como un mecanismo intimidante, poderoso.

Fig. 1 y 2: las fotografías canónicas de Ezra Stoller.

Fig. 3: la escultura de Bertoia desmantelada y en el suelo a la espera de su retiro.

Corría la década de los cincuenta y la fe en el dinero – apoyada sobre la indiscutible  hegemonía del dólar – marcaba el ritmo de la vida americana. Tal como una máquina bien aceitada, la bóveda del Manufacturers Hanover Trust, exhibía a diario su funcionamiento. Los depósitos, los giros, todo aquel dinero en circulación quedaba puesto en evidencia desde la calle. Es así como el diseño de Bunshaft se hacía partícipe de un entusiasmo generalizado, en medio de los que fueron los más espectaculares años de bonanza experimentados por Estados Unidos. Una bonanza que debía ser celebrada, a la manera de un espectáculo.

En su segundo nivel un tabique separaba al sector de las secretarias del de los ejecutivos. Un tabique generado por el artista y diseñador italiano Harry Bertoia (1915-1978), célebre por la creación de uno de los diseños de mobiliario más importantes del siglo XX: la Diamond chair (1951). La pantalla diseñada por Bertoia estaba construida a partir de una serie de láminas modulares de metal, las cuales adoptaban diversas disposiciones, permitiendo diversos grados de transparencia.

Esta cualidad de transparencia entregaba al espacio diseñado por Bunshaft una atmósfera provista de una gran condición de diafanidad. Característica sólo atenuada por las pesadas cortinas que caían en acentuadas líneas verticales.

Fig. 4: la bóveda del Manufacturers Hanover Trust.

Capitales en riesgo.

Sin embargo – y a pesar de la manifiesta flexibilidad del espacio de Bunshaft – los cambios en los requerimientos del mercado han colocado en riesgo inminente al edificio del Manufacturers Hanover Trust.

Si bien la oficina del New York Landmarks Preservation Commission lo declaró como monumento, su protección sólo busca preservar su fachada. En un edificio con altas cualidades de transparencia, esto se presenta como un problema difícil de resolver sin correr el riesgo de destruir gran parte de sus cualidades plásticas.

La primera señal de esto la dio el retiro de la escultura de Bertoia el año 2010. Ahora, la empresa que adquirió la propiedad – Vornado Realty Trust – ha decidido modificar el interior, eliminando la bóveda y cambiando el lugar a las escaleras mecánicas, único elemento diagonal en el trazado definido por Bunshaft.

Es así como el edificio del Manufacturers Hanover Trust, pone en aprietos a unos criterios de preservación creados para una arquitectura provista de otros valores plásticos, en donde cualidades tales como la transparencia y la anulación de la separación entre interior y exterior, no estaban presente.

En un contexto financiero marcado por la desconfianza y la incertidumbre, en un Estados Unidos que aún no logra salir de los efectos producidos por la crisis de las hipotecas subprime del 2008, es que la apuesta de Bunshaft – por una entidad financiera que  nada tiene que ocultar a sus clientes –adquiere  valores de una fuerte contemporaneidad.

Y es que a unos cuantos minutos de la esquina en donde el sueño de Bunshaft aguarda el arribo de los equipos de demolición, un grupo cada vez mayor de ciudadanos norteamericanos se parapeta  en las aceras ubicadas en el corazón mismo del centro financiero mundial, exigiendo un cambio en las reglas del juego.

Tal vez es tiempo de descorrer las cortinas y dejar entrar la luz. VKPK.

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