Cómo se hacen las cosas: los modelos de Peter Zumthor o acerca de un extraño gabinete de creaciones arquitectónicas.


Cómo se hacen las cosas: los modelos de Peter Zumthor o acerca de un extraño gabinete de creaciones arquitectónicas. Por: Gonzalo Carrasco Purull + Pedro Livni.

“Hoy en día todo es puro palabrerío”, se queja un molesto Peter Zumthor al corresponsal del The New York Times, Michael Kimmelman en una entrevista publicada el pasado 28 de marzo. Para el arquitecto suizo – ganador del premio Pritzker 2009 – los arquitectos han olvidado hoy en día como se hacen las cosas, y como hacerlas bien. Mientras que arquitectos como un Le Corbusier y un Mies van der Rohe provenían de una tradición en donde se “sabían cómo se hacían las cosas”, en la actualidad para Zumthor “todos los arquitectos quieren ser filósofos o artistas”, más que arquitectos.

La querella de Zumthor es contra un abandono – principalmente llevado a cabo por las escuelas de arquitectura – de uno de los rasgos más fuertes de la profesión: como es el conocer la forma como están hechas las cosas y como estas son percibidas a través de las distintas escalas que comparecen en un proyecto. Un conocimiento que Zumthor cree que aún persiste en el mundo del “crafmanship”, siendo su sugerencia que se obligue a las universidades a formar carpinteros, ebanistas y artesanos del cuero en vez de arquitectos.

Sin embargo, la particular entrada que Zumthor realiza de la arquitectura, tiene su reflejo en las herramientas que él escoge para afrontar sus proyectos. Herramientas dentro de las cuales destaca el uso extensivo de modelos a gran escala.

Modelos para armar (y verificar).

Este recurso – el modelo a gran escala – si bien en un principio estuvo dentro del dominio exclusivo de la disciplina, con el tiempo llegó a convertirse en el principal medio de comunicación entre el arquitecto y su cliente. Es así como el modelo en arquitectura se convirtió en una especie de contrato adquirido con el cliente, al cual a partir de una serie de mecanismos de seducción, se le ofrecía una promesa de futuro. En donde la obra pasaba a ser la concretización de lo que el modelo ofrecía. De ahí que la principal manera en que se presentaran los modelos, estuviese al servicio de la mirada del cliente o inversor: los modelos se construían desde el punto de vista de un sujeto, generalmente de pie, que contemplaba el modelo desde una vista aérea. Siendo por mucho tiempo, esta la posición desde donde no sólo se exponían las obras, sino que más importante aún, el foco desde el cual se proyectaban.

Esta convención en torno a la manera como el arquitecto concibe sus modelos, parece ser subvertido por los modelos fabricados en el taller de Peter Zumthor. Estos más que ser fabricados para seducir a un cliente o inversor, están ideados para la verificación por parte del arquitecto, de aquellas características que se escapan al dibujo técnico. Para fijar lo que se escapa, que Zumthor necesita construir sus modelos. Modelos en los cuales Zumthor modifica la posición del sujeto – comúnmente ubicado en un punto sobre estos – para emplazarlo en cambio medio de este.

Y es que lo que busca verificar Peter Zumthor no forma parte de la esfera de lo cuantificable, sino que muy por el contrario, entra de lleno en el ámbito de la cualidad. Un ámbito en donde la experiencia es traducida por Zumthor, en la determinación de una serie de atmósferas. En donde la forma es tan sólo una de las variables en juego, incorporando además las cualidades propias de una temperatura particular, una acústica específica, además de las múltiples percepciones táctiles que son activadas cada vez que una obra es experimentada.

Lo que devuelven los modelos de Zumthor, es el rol que estas representaciones juegan dentro del ámbito específico del arquitecto. En donde estas dejan de ser objetos de seducción, para convertirse en artefactos de verificación. Y lo que es verificable en Zumthor, es aquello que se suele escapar en los otros sistemas de representación de la arquitectura. Lo que se escapa y lo que buscan atrapar los modelos de Zumthor, son las atmósferas que ellos desencadenan.

¿Modelos, matrices o que?

Pero ¿son de verdad modelos los construidos en el taller de Zumthor?

Si y no.

Si, si por modelo entendemos cualquier fabricación a escala reducida de una obra futura. Pero ¿son modelos en el sentido contemporáneo del término?

Tomemos por ejemplo el modelo realizado para el Museo de Arte de Colonia (http://youtu.be/7AGlY-PNlqQ). Este se encuentra apoyado sobre una estructura de perfiles de acero. Desde el exterior el modelo aparece como una caja introvertida, a la cual se entra desde sus propiedades hápticas de tersura y rugosidad. Dos escalas prismáticas de tres escalones ubicadas bajo y junto al podio, sirven para ascender y poder mirar “hacia” y “desde el interior”.  De esta manera la “inmersión” – un tipo de percepción – se sobrepone a otras maneras de aproximación mucho más mediadas.

Pero, ¿Qué es lo que buscan verificar estas fabricaciones?

Hubo una época en que a los modelos también se aproximada mediante la “inmersión”. En la Florencia del siglo XV, esta fue la manera de relacionarse con este tipo de representaciones. Célebre fueron los modelos mandados a construir por Brunelleschi para la construcción de la cúpula de Santa Maria del Fiori. Había una incluso de gran formato emplazada en el interior mismo de la iglesia. Estructuras de madera, construidas por maestros ebanistas, que servían principalmente al arquitecto y constructores como herramienta de verificación. Verificación y control, en donde nada debía ser dejado al azar, sino que por el contrario debería quedar fijado de antemano.

Es conocido que para Brunelleschi la percepción de un sujeto específico era sumamente importante en sus modelos. Estos no podían verse de cualquier manera. Y el enfoque escogido era cualquiera, menos la posibilidad de contemplar estas fabricaciones desde lo alto, como si fueran objetos. Los modelos de Brunelleschi  se resistían a su objetivación, sino que eran mecanismos sensibles, que estaban dirigidos tanto al ojo y la mano, como al intelecto. Lo que se verificaba no era tan sólo las lógicas de la construcción – el despliegue de los medios que hacen posible las obras – sino las cualidades que estas lógicas expanden en la obra construida. Ojo, mano, ojo, en un movimiento circular que daba cuenta de aquello que siempre se escapa al dibujo, aquello que termina colmando las obras.

Es así que más que modelos, las fabricaciones de Zumthor pueden leerse desde esta clave. En donde el modelo funciona más bien como una matriz, un molde que busca ser llenado. ¿Y llenado de qué? Llenado de aquella materia huidiza de la cualidad en arquitectura, que en palabras de Zumthor se cristaliza en el término “atmósfera”.

Un extraño gabinete de creaciones arquitectónicas.

Así entendidas, estos “moldes” y “matrices” de arquitectura, devuelven la propiedad de los modelos al ámbito pleno del arquitecto. Son reintegradas al crisol de la arquitectura, abandonando el papel de seducción que actualmente tienen. Modelos construidos no como herramientas de verificación, sino que más bien como medios para seducir a un jurado, un inversor, una comisión, una autoridad o un cliente. Una relación en donde la obra objetivada en la forma del modelo, es mirada desde un punto elevado, desde la mirada del comitente. Zumthor en cambio, lleva a la arquitectura de vuelta a la tierra, aunque ese desplazamiento exija al sujeto que las contemple, entrar mediante la “inmersión” a estas representaciones.

Zumthor al igual que un monje que escoge abandonar el siglo, ha elegido volver a la arquitectura a un tiempo en donde todavía era considerado un tipo de “craftmanship”. Por eso no es trivial la recriminación que Zumthor hace a los jóvenes arquitectos. Y menos aún la exigencia de que las universidades formen más que arquitectos, ebanistas, talabarteros y carpinteros. Porque Zumthor proviene de esa tradición. Una tradición hace que su taller se convierta – para los tiempos que llevamos – en un extraño gabinete de creaciones arquitectónicas.VKPK.

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