Radioactividad (está en el aire para ti y para mí): portabilidad, o sobre I-Pods y contadores Geiger.


Radioactividad (está en el aire para ti y para mí): portabilidad, o sobre I-Pods y contadores Geiger. Por: Gonzalo Carrasco Purull.

Los últimos acontecimientos a raíz de los incendios en los reactores de la ciudad japonesa de Fukushima han devuelto la vigencia a un artefacto fundamental dentro de la cultura de la Guerra Fría, como es el contador Geiger. Las imágenes que nos han llegado a través de los noticieros nos muestras unas calles en donde funcionarios provistos con trajes anti-radiación, miden los niveles de unos ciudadanos para los cuales de pronto tienen que lidiar con un enemigo invisible, que parece acechar en todas partes: en el aire que se respira, en la comida, en el agua, hasta en aquellos lugares que usualmente son asociados a entornos seguros, como son los propios hogares.

Si bien la masiva presencia de los contadores Geiger en entornos urbanos es un fenómeno que hasta el terremoto de Japón parecía haber quedado relegado casi exclusivamente al ámbito de los laboratorios y los servicios de emergencias; ahora que han vuelto a ser protagonistas y casi sinónimo de una medición objetiva de lo que es considerado como seguro, es necesario también reconocer en ellos uno de los primeros fenómenos de portabilidad conocidos.

En medio de un mundo dominado por la miniaturización y la portabilidad de los objetos tecnológicos – en donde el I-Pod, el I-Phone y el I-Pad, parecer marcar el ritmo de los tiempos – no nos parece extraño que hasta los contadores Geiger posean esta característica que asegure su movilidad. Sin embargo, la historia de los contadores Geiger dan cuenta de cómo fueron las condiciones de una contingencia específica los que exigieron la portabilidad de estos equipos.

Inventado en 1908 por Hans Geiger (1882-1945) y sir Ernest Ruthenford (1871-1937), el contador Geiger no estuvo dotado de portabilidad hasta llegada de los años veinte.  En 1925, R. Kegederreis desarrolló un aparato portátil para la medición de rayos X, el cual estaba contenido en una caja de aluminio del tamaño de una maleta ordinaria. Con un peso de más de 18 kilos (de los cuales gran parte correspondía a su batería de 22,5 volts), el artefacto de Kegederreis fue el primer paso hacia la portabilidad de estos equipos. Sin embargo, no es hasta llegado el fin de la década cuando John Victoreen da inicio a los instrumentos portátiles de carácter comercial. Los cuales durante la Segunda Guerra Mundial ven incrementado su empleo, especialmente después de la Operación Pimienta. En donde fueron utilizados para contrarrestar las maniobras del ejército alemán, el cual con el fin de detener el avance de las tropas aliadas después del desembarco de Normandía, rociaron las playas con material altamente radiactivo. Esos fueron los mismos años en que se emplearon masivamente contadores Geiger en el desarrollo del Proyecto Manhattan, como una forma de cautelar la seguridad de los empleados a cargo.

Sin embargo, no fue hasta el inicio de la Guerra Fría, en que los contadores Geiger alcanzarían su mayor masividad. El temor creciente en la población americana por un inminente ataque nuclear soviético, hizo que no sólo aumentaran las ventas de estos equipos portátiles, sino que se publicaran instructivos – como los aparecidos en la revista Popular Science en 1955 – en donde se explicaba a la población de cómo construir por unos pocos dólares su propio contador Geiger.

Si la naturaleza móvil primero de los equipos médicos y luego de las tropas, marcó la portabilidad del contador Geiger, no es trivial que este artefacto sea contemporáneo a otras tecnologías precursoras de la cultura urbana contemporánea, caracterizada entre otras cosas por su marcada tendencia al nomadismo. La radio, el radar – precursor de la televisión – y el contador Geiger pueden ser considerados como precursores de esas otras tecnologías de apoyo a la vida urbana, como se han vuelto el I-Pod, el I-Phone y el I-Pad.

No es de extrañar que en un escenario contemporáneo marcado por el riesgo y la entropía, el contador Geiger alcance no ya tan sólo una masividad, sino que sea adoptado por las otras tecnologías de la portabilidad y de la cultura wire-less. De eso al menos han dado señales los últimos equipos presentes en el mercado norteamericano, en donde se puede acceder a equipos Geiger que incorporan GPS, registrando no sólo la medición, sino que también su posición geo-estacionaria.

La característica de portabilidad que comparte el contador Geiger con las últimas tecnologías wire-less, dan cuenta además del marcado origen nómada de la cultura urbana contemporánea a nivel de tecnologías comparte con la organización bélica y las tecnologías de la guerra. En donde viajar liviano, rápido sobre un territorio concebido como hostil, es una de sus fundamentales características.

Todavía no alcanzamos a visualizar las consecuencias que tendrá para la vida urbana contemporánea el reciente terremoto de Japón. Pero lo que sí es cierto, es que para unas sociedades marcadas por el riesgo – ecológico, económico y social – las representaciones “objetivas” de los ambientes humanos, se volverán una exigencia. Y esto nos guste o no. Porque, tal como señalaban los alemanes Kraftwerk, la radioactividad esta en el aire, para ti y para mí. VKPK.

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